Alla por 1926,

un joven Antonio Chica Arquellada (mi bisabuelo) comenzaba su aventura en el mundo de la orfebrería en un taller situado en la céntrica plaza de las pasiegas.

El taller se especializo en las técnicas de la filigrana y repujado, técnicas que hicieron famosa a la ciudad de Granada desde épocas Romanas.

De la unión de estas técnicas surgen las granadas hechas en plata de ley y el famoso oro del rio Darro.

Diez años después de la apertura del taller, entro como aprendiz Antonio Soto Campos (mi abuelo) el destaco enseguida en la joyería por sus trabajos para la Alhambra, trabajos famosos por su delicadeza y elegancia.

Sus Granadas han sido entregadas a ilustres personajes que pasaron por Granada en la década de los 50 y los 60.

Todos los hijos varones de mi abuelo pasaron a trabajar al taller ya situado en la Conocida calle Molinos, en el barrio del Realejo, pero sobre todos sus hijos destaco Antonio Soto Chica (mi padre) El aporto al taller su pasión por el detalle y su amor por las bellas Artes.

…Y hace 15 años… llegue Yo, María Soto, la primera mujer en casi un siglo de historia…

En estos años he llevado por bandera mantener la tradición en la elaboración de la orfebrería del mismo modo que me enseñaron mi padre y mi abuelo, manteniendo sus técnicas y herramientas.
Mi aportación a la historia de este bonito taller es mi forma de entender la joyeria desde un punto de vista muy femenino, elegante y sencillo.